Francois Van Malderen, un francés de 45 años, no tuvo que conocer el Parque Arqueológico de San Agustín para decidir que quería pasar en este municipio del sur del departamento, el resto de sus días. Y es extraño, pues aunque reconoce que la referencia que lo atrajo como turista hace 18 años cuando estaba de gira por Centroamérica y Suramérica, fue el mítico parque, del que dice oyó además muchas veces en Europa, jamás lo visitó para decidir que esta ‘tierra pacífica y de gente alegre y amable’ como la describe, era en la que pasaría hasta ahora, cerca de la mitad de su vida. “Como a los tres años de estar viviendo en San Agustín, fui por primera vez al parque, pero para entonces hace rato había tomado la decisión de quedarme”, explica.
Francois es uno más de los 33 extranjeros radicados en San Agustín, que se dejó hechizar por esa magia que tiene esta zona del sur del Huila, y que lo hizo enamorar de este municipio, donde vive desde 1993. Para este francés, la capital arqueológica de Colombia se convirtió en la razón por la cual aplazó el viaje proyectado al resto del sur del continente: Perú, Argentina, Chile, entre otros países, como cierre de su gira por más de 10 países de América.
Y es que aunque inicialmente creyó que su estancia en este municipio limítrofe con el Cauca, sería temporal, se convirtió en una pausa en su recorrido que completa ya 18 años; sin embargo dice que ‘algún día terminará su viaje’, eso sí, con regreso a San Agustín.
Enamorado de la gente
Cuando se le pregunta a este francés, fontanero de profesión, qué fue lo que lo atrapó de San Agustín, asegura sin dudar: “su gente”. Explica que en ningún país del mundo los habitantes son tan cálidos y hospitalarios como en Colombia, y en particular en este municipio. “Realmente la calidad de la gente de aquí no la hay en ninguna parte. Es una paradoja la fama tenaz que tienen ustedes de ser por muchos años uno de los 5 países más peligrosos del mundo, es ilógica”, asevera.
Es tal su amor por esta tierra y su gente, que en muchas ocasiones en las que económicamente no ha estado bien, ha decidido viajar a Paris, a trabajar como guía turístico, para ahorrar dinero y poder mantenerse. Así vivió entre 2002 y 2007, tiempo en el que la fama de la violencia espantó a muchos turistas y no había de qué vivir en San Agustín. Pese a sentirse orgulloso de Francia su país natal, hoy se ve más colombiano y más opita que cualquier ciudadano nacido en este departamento. “Es que 18 años son toda una vida”, explica. Por eso, por su mezcla intercultural y su doble nacionalidad, franco-colombiano, prefiere denominarse como se siente identificado, un franco-opita.
Pero hay otro lazo que ata ahora a Francois con esta tierra agustiniana, que aunque inicialmente no fue la razón por la que decidió quedarse a vivir acá, sí se convierte en un vínculo con esta tierra que será difícil de disolver: su esposa.
Adriana González, una laboyana que desde hace 14 años se convirtió en su amiga y su aliad;, lo acompaña desde hace 4 como esposa, el motor del hotel y la mejor ‘socia’ para su proyecto.
“Con mi esposa estamos casados desde hace 4 años, fuimos amigos como 10 años hasta que decidimos dar el paso. No es la mujer que me hizo quedar, es decir cuando la conocí ya me había decidido quedar, pero si es motor, el amor de mi vida. Ahora todo es más fácil con ella a mi lado”, comenta.
San Agustín y su proyecto de vida
La historia de Francois es muy distinta a la de los 100.000 turistas que llegan al año a este hermoso municipio. Hablar de él, es referirse al aventurero que luego de recorrer el mundo, encontró en esta tierra, no solo el punto perfecto para ‘anclar su barco’ sino además para gestar todo un proyecto de vida, digno de admirar.
Cinco años después de haber llegado a este paraíso del macizo colombiano, de recorrer sus paisajes, de haber compartido con su gente, de haber alquilado una casa en pleno centro del municipio, de haber tenido un bar al que llamó ‘Pachanga’, de haber cultivado y cosechado café, y de haber sido atendido con la gentileza y hospitalidad de los huilenses; decidió crear una empresa que se dedicara a hacer sentir a los miles de extranjeros y nacionales que llegan al pueblo lo que él sintió. Así fundó el hotel La Casa de Francois, en el que hoy recibe a más de 1.000 turistas al año.
“Aquí no hay turismo de masas, y eso es bueno porque la gente valora mucho. Los visitantes que llegan, lo tratan a uno bien. En otras partes no hay respeto y cariño como los colombianos tienen acá por nosotros”, y ese es el concepto que maneja su hotel.
Su ‘Casa’ es una finca convertida en un cómodo hostal que ha sido construida y adecuada por él mismo, anclada en medio de la naturaleza, en la vereda La Antigua, a 200 metros del casco urbano, que como su propio nombre lo indica, es un lugar para hacer sentir en familia a los visitantes. Su arquitectura, es una mezcla de vanguardismo, con paredes de botellas fundidas con bareque, otras de ladrillo a la vista, techos pisos y balcones de guadua, con toques típicos colombianos como fogones de barro, cocinas antiguas, malocas y demás. No ha televisores en los cuartos, ni aire acondicionado, ni otros beneficios de cualquier hotel lujoso, sin embargo, es el lugar perfecto para los que les gusta desconectarse de la vida material, disfrutar de la tranquilidad y del buen descanso.
De este hotel que aún remodela cada vez que puede, vive hace 13 años, o bueno, al menos trata, pues es uno de los hospedajes más económicos que tiene este municipio. Asegura que siempre tuvo miedo de la guerra en Colombia hasta que llegó a esta tierra, y que cuando creó el hotel, creyó que se convertiría en blanco perfecto, “pero aún no conozco lo que es una vacuna”, dice con sarcasmo, pues reconoce que la situación de seguridad que vive hoy el país es mucho mejor que años atrás y que gracias a ella, los últimos cuatro o cinco años el turismo ha mejorado y llegan más visitantes a su hotel. Por eso agrega, que hoy le teme más al invierno que azota al país, que a la misma violencia, como factor influyente en el número de turistas que puedan llegar a este municipio.
Generalmente cada una de las dos temporadas altas que tiene San Agustín, Semana Santa o Navidad, trae cerca de 40.000 turistas, por lo que para los 55 hoteleros que tiene hoy el municipio, se convierten en sus mejores épocas del año.
‘Colombia es alegría, no guerra’
Y hablando de lo distinto que es hoy Colombia y el Huila a lo que referenciaban los medios hace unos años, sentencia Francois para finalizar esta nota las siguientes palabras: “uno conoce a Colombia por la guerra que sale en los medios, pero nadie habla de la alegría de su gente, si eso pasara, mucha más gente se enamoraría de esta tierra. Yo he conocido mucha gente en el mundo, pero ninguno como los colombianos”.