A Steffen nunca se la pasó por la cabeza cambiar el rumbo de su vida, como todo alemán fue educado con disciplina, rectitud y orden. Al pisar Suramérica por primera vez no conocía ni la más mínima parte de Colombia. Decidió radicarse en San Agustín, Huila, hace 20 años, actualmente tiene 43 y dirige la Fundación para el Desarrollo Alternativo Viracocha.
“He vivido la mitad de mi vida acá y todavía no me he aburrido, estoy feliz, me siento bastante colombianizado”, dice al comenzar la conversación.
Antes de arribar a Colombia, Steffen Gosewisch era electricista de profesión, realizaba trabajos en construcción en su ciudad natal, ubicada en el noroccidente de Alemania. “De Colombia no conocía mucho, prácticamente nada, nunca estuve en Suramérica, el llegar aquí fue una experiencia totalmente nueva”, asegura.
Llegó al país por pura casualidad, dos amigos le hablaban sobre las bondades de este territorio y le preguntaron si los iba a acompañar. “En ese tiempo había trabajado y tenía una plata ahorrada para el vuelo y dije vamos, llegamos a Cartagena, de allí fuimos a Santa Marta, Riohacha, hicimos un vuelo a Bogotá y regresamos a Santa Marta, eso estuvo muy agradable porque no fue tanto un choque de culturas, fue más una sorpresa de culturas (sonríe) porque no sabíamos que nos esperaba algo tan agradable”.
Regresó a Europa y seis meses después decide volver. “Dejé mi estudio y tuve tiempo para viajar, entonces volví a Colombia”. Al preguntarle qué le enamoró de Colombia, no tuvo reparo en explicar que fue la amabilidad de la gente, “el colombiano es bien abierto, simpático, en comparación con los alemanes que se demoran un poco más para descongelar”.
Su llegada a San Agustín
A San Agustín llegó en su segundo viaje en 1990, en ese tiempo recuerda que el pueblo estaba lleno de caballos, que no había motos y existían pocos vehículos.
“La primera vez que llegué me dije que este sería un buen sitio para quedarme, por sus bellos paisajes, pero no lo tenía planeado (…) Estuve unas dos semanas de paso, realicé salidas a caballo, a la Chaquira, al Estrecho del Magdalena, conociendo un poco el pueblo, en los 90 hubo mucho turismo aquí (…) Yo seguí viajando, estuve unas tres o cuatro veces antes de llegar a la finca que tengo ahora”.
Salió de nuevo para Alemania, trabajó fuerte para conseguir los recursos con los cuales, después de un gran esfuerzo, logró comprar una tierra en la zona rural del municipio agustiniano, donde hoy se ubica su finca llamada ‘Armonía’. “Me tocó volver a Alemania, trabajar para esta tierra, fue duro, trabajaba de diez a doce horas al día, por unos años, y luego logré volver a Colombia”.
Steffen vive junto con sus hijas y su esposa Lina Osorio, quien es de Manizales, en un hogar donde la ecología y el buen trato al medio ambiente es lo primordial. “Mis primeras dos hijas nacieron aquí, Yanila que tiene 12 años y Sinam que tiene 10 (…) Hace unos meses tenemos la custodia de dos niñas de 8 y 14 años de edad (…) A Lina la conocí aquí, ella vino como turista y nos conocimos, ya llevamos viviendo 13 años”.
Fundación Viracocha
Antes de dedicarse a la Fundación Viracocha tenía un restaurante de comida internacional, pero el negocio fracasó, según él, desde que el turismo bajó en el año 2000 cuando se declaró la zona de distención. Luego llegó a su hogar su primera hija desde allí despertó su amor y apoyo a los niños de la región. “Uno piensa en la familia en los niños y nos dimos cuenta que en el pueblo no había muchas alternativas o propuestas para ellos, desde allí decidimos trabajar para generar una alternativa educativa para la región”.
Al comenzar el milenio fundó la organización sin ánimo de lucro que hoy día beneficia a más de 100 niños y niñas de escasos recursos de San Agustín, que por medio del Centro Educativo Piloto Agroecológico, CEPA, reciben una alimentación balanceada.
A través de donaciones de círculos de amigos alemanes, franceses, australianos, canadienses y algunos colombianos, reúne los recursos necesarios para fortalecer su trabajo comunitario.
“En este programa miramos los niños necesitados, que vienen de situaciones sociales precarias, desnutrición, malnutrición, la violencia intrafamiliar, maltrato, abuso, niños especiales, abandonados, niños que necesitan un cambio en su vida urgente (…) Les matriculamos, hablamos con los padres para que los dejen estudiar, cuando entran al programa les damos los útiles para estudiar, tenemos una casa alquilada en el pueblo donde está ubicado el comedor, donde van todos los días, llegan desde las diferentes escuelas públicas al medio día y tienen una comida excelente”, asegura.
También ofrecen actividades formativas como talleres de teatro, pintura, música, agricultura, deportes, a través de voluntarios nacionales e internacionales. “Esto es un proyecto solidario, nosotros no hacemos alianzas con política, ni con iglesias porque nos dimos cuenta que para conseguir una ayuda uno siempre tiene que dar una contraprestación, pueden decir los apoyo pero si mete a cinco niños (…) Desde el inicio estamos trabajando sin apoyo de la alcaldía, gobernación o nación”.
Comenta Steffen que en Alemania existe un colegio donde los niños hacen actividades para la Fundación Viracocha. “Hacen mercado de la pulga, tortas, bazares, se presentan con otras organizaciones y nos colaboran (…) Mi padre cumplió este año 80 años y él es un motor muy grande allá, él junto con sus amigos son solidarios”.
Por ahora, Steffen Gosewisch continúa cultivando su gran sueño, “que la Fundación funcione sin mí, que la gente se empodere de esto, que el pueblo se apodere de la idea, que participe, que ayude, yo soy como un empleado aquí”.