

El martes a las ocho de la noche Jónathan Losada fue trasladado de urgencia al Hospital Universitario de Neiva; había sido apuñalado en seis oportunidades. Llegó al centro médico sin signos vitales.
Este miércoles en la mañana Martha Toledo se encontraba sentada en uno de los bancos ubicados fuera de la puerta de urgencias del Hospital Universitario ‘Hernando Moncaleano Perdomo’ de la ciudad de Neiva; su rostro demostraba el desvelo de la noche anterior y la tristeza que había corrido por sus mejillas.
Con resignación y la mente llena de recuerdos que la hacían ignorar la realidad que estaba viviendo en ese momento, esperaba la boleta que le permitiría seguir con los trámites para reclamar el cuerpo de Jónathan Losada Toledo, su hijo de 13 años, asesinado la noche anterior en el asentamiento Álvaro Uribe Vélez, en el sector oriental de la capital del departamento.
Martha fue llamada a su celular por un amigo del menor la noche del pasado martes, este le avisó que su hijo era conducido de urgencia al centro médico pues había sufrido graves contusiones a causa de los golpes que le habían propinado y, lo peor, se encontraba grave por las seis puñaladas que recibió.
Eran las ocho de la noche cuando Jónathan, como de costumbre, departía con quienes él solía llamar sus amigos, un grupo de jóvenes que suelen pararse en las esquinas de los barrios populares en las noches.
El niño había decidido dejar de estudiar y se dedicaba a trabajar en un taller de ornamentación en el que aprendía a hacer puertas, rejas y ventanas mientras ayudaba a su padre, con quien vivía.
“Lo que le hicieron a mi hijo no tiene perdón” afirmó Martha, mientras las lágrimas brotaban de nuevo en sus ojos y su voz se quebraba por el llanto impotente; “no les bastó con apuñalarlo, también lo arrastraron por el suelo” exclamó.
Martha se separó del padre de Jónathan algunos años atrás. A causa de sus problemas de drogadicción, el menor había estado en dos ocasiones en la fundación ‘Los Niños Primero’, ubicada en la calle 10 entre carreras segunda y tercera. Se había escapado del establecimiento tres veces hasta que decidió terminar el proceso de rehabilitación.
“El ya había sido amenazado, una vez me contó que le rogó de rodillas a alguien que no lo matara” afirmó la madre del menor, quien asegura no saber por qué lo asesinaron.
Los restos mortales del niño fueron entregados la noche de este miércoles y la velación se lleva a cabo en las salas de velación San José; los servicios funerarios serán este jueves a las cuatro de la tarde en la iglesia de Nuestra Señora de Fátima, en la carrera 54 con calle 21 del barrio Las Palmas, de donde saldrá la caravana fúnebre hacia el cementerio central de Neiva.